Gloria Estefan es un ícono de la música mundial y su nombre está vinculado a Miami (por Miami Sound Machine, su grupo). Para muchos, ella y su esposo Emilio son parte de la comunidad cubano-estadounidense que ha alimentado el espíritu de esta ciudad puerto de la Florida en EE.UU.
En julio de este año se estrenó la película ‘El padre de la novia’ y Gloria Estefan, junto con Andy García, la protagonizaron. Miami fue el escenario de esta historia de un padre hiperprotector que -cuando se entera que su hija (Adria Arjona) se va a casar- huye a jugar en Domino Park, allá en Little Havana y su afamada Calle 8. Justo aquí empieza este recorrido por esa Miami, donde fluye sangre latina en arterias cosmopolitas.
Posiblemente esa sea una de las razones para que atraiga los ojos de los ecuatorianos. Little Havana es especial por ser el lugar de ambiente cubano al punto que se pueden encontrar tiendas de habanos hasta restaurantes y bares, donde se baila con mucha “azúca”, como lo gritaba Celia Cruz. Pero Miami es tan interesante (e ilógicamente bella) que muy cerca del corazón de La Pequeña Habana, en el 1961 SW 8 ST, se puede encontrar -por ejemplo- Mi Rinconcito Mexicano. Y los comensales pueden tener ascendencia y alma de cualquier parte de América y el mundo.


Los contrastes
Miami es divertidamente de contrastes, una ciudad de encuentros. La sensación se la percibe en el mismo aeropuerto. En las largas filas de migración se puede ver ese encuentro cultural con los recién llegados de todas las latitudes del planeta, por momentos la espera se vuelve una pequeña Babel con los idiomas que se susurran. La situación es a penas diferente en las zonas financieras de la urbe, como cuando se camina por Brickell, el distrito financiero.
Con buen ánimo y con el clima a favor (en octubre ha llovido fuerte) se puede caminar de límite a límite: el río Miami y la Bahía Biscayne. ¡Claro! Se vale hacer paradas técnicas para tomar desde una limonada hasta un café. Ahí, bajo los rascacielos de amplios ventanales, deambulan oficinistas y residentes de la zona. Miami tiene una herencia Art Déco de las décadas de los 30 y 40. Hace falta un buen ojo arquitectónico para descubrir secretos poco evidentes de la arquitectura y el diseño.
Como la curiosidad no mata gatos y si no tiene bolsas de compras en la mano, se puede alquilar con una ‘app’ un escúter eléctrico y avanzar a más lugares del centro (‘downtown’) de la ciudad. Miami se vende al mundo como una urbe elegante y por ende aquí están las tiendas más exclusivas.
El Brickell City Centre es un centro comercial levantado sobre la avenida Miami y que permite ‘vitrinear’, -si gusta- darse un gusto o tomarse unas fotos ‘fashion’ con las paredes coloridas del ‘shopping’. A pocos pasos , en la misma avenida Miami, cruzando la SE 8 se puede encontrar una buena cantidad de restaurantes para comer desde una hamburguesa hasta comida italiana. La oferta es muy variada, pero se debe tener paciencia porque las listas de espera van de 25 minutos hasta casi una hora.
Sin culpas
La visita tiene que incluir -si es que gusta de ver a esa metrópoli contemporánea- al Design District. La parada obligatoria es el Instituto de Arte Contemporáneo; la entrada es gratuita y es -literalmente- una fiesta para los ojos.
¡Fiesta! ¡Fiesta! ¡Fiesta! ¡South Beach! ¡South Beach! ¡South Beach! Sí, esa es la respuesta que dan los lugareños cuando se pregunta dónde hay pachanga. Los niveles de fiesta van de acuerdo a las ganas de vivirlas (y la paciencia). En Ocean Drive, la calle más famosa e icónica de las playas de Miami, se forman hervideros de personas. Las luces de neón, la gente moviéndose en todas direcciones, los autos de todo tipo forman un coctel digno de una postal o un ‘selfie’. en un ambiente muy tropical.
Miami es una mezcla de sensaciones. Si no es fiesta, solo se puede regresar a Domino Park, ver jugar a los cubanos dominó y escuchar a Gloria Estefan en los audífonos y creer que aquí se inspiró: “Tus ojos lo tienen todo. Nada me falta porque son mi bendición.
Redacción El Comercio (I)